Impresiones
sobre la antipoesía y los poetas
Amante
Eledín Parraguez
El
obrero o el campesino salen de amanecida endilgando sus pasos hacia su lugar de
trabajo; el obrero sobre las bases de un gran edificio, el campesino sobre un
trozo de tierra. Esas bases y ese trozo les son ajenos. El obrero cruza la ciudad
sometido al hacinamiento de la locomoción colectiva. El campesino sobre
los guijarros del camino. Ni el obrero ni el campesino van pensando que serán
reconocidos por su trabajo (quizá su obra será vestigio de la humanidad
en épocas futuras).
Ellos piensan en sobrevivir. Buscan el sustento no el reconocimiento de sus obras.
Necesitan primero comer, respirar, abrir los ojos.
El poeta es un obrero;
el poeta como el maestro de escuela, como el campesino. Podríamos decir
que el conocimiento está por todas partes, en los alrededores, en las cosas
mismas, así como la poesía derramada sobre la naturaleza o sobre
los artefactos. Que el hombre produce. Lamentablemente no todos ven ese conocimiento
latente o esa poesía derramada entre los objetos. Alguien tiene que ayudar,
en una actitud solidaria y no paternalista, a poner los puntos sobre las íes.
Quizá no haya más que sacudir el mantel de la mesa para despolvarlo
y hacer aparecer las manchas estampadas como rosas.
El poeta trabaja igualmente
para sobrevivir. El albañil no piensa que alguien reconocerá la
maestría con que puso ladrillo sobre ladrillo. Claro, echando un vistazo
uno puede decir que no todos los edificios son poemas o más, que no en
todos los edificios está la poesía. Hay quienes trabajan en lo pequeño,
en lo modesto, en lo sencillo, donde pueden llegar a salvarse de la muerte cotidiana.
Hoy en día, no solo los grandes edificios (como la entipoesía) o
las transnacionales son valederos. Entre los creadores no debiera darse la competencia
que promueve el libre mercado. El poeta común y corriente trabaja ante
todo para sobrevivir y darle más aire a la vida. Lo que produce tal vez
no es una obra trascendente, pero al menos estriba, resiste, persiste. Ciertamente
el poeta no trabaja con ladrillos como el albañil, aunque quien haya construido
esos ladrillos sea otro obrero rasguñando el barro y las piedras. Las palabras
son las herramientas del poeta. "Son arcas de milagro…" Que también
pueden servir para encontrar esa poesía derramada en las cosas. Tanto la
palabra como un objeto o un desecho pueden ser símbolo. Se puede aprender
a mirar, a ver, a nombrar. Hasta el silencio se puede construir para sobrevivir.
Es
un milagro que tengamos tantos poetas de calidad, aunque uno de ellos se eleve
sobre los demás. Desde pequeño, en los libros de la primaria estaban
ellos, presentes con sus palabras, con las que aprendimos a leer. Hay más
de un poeta en esta "fronda del lenguaje", aunque uno de ellos
alcance la cima, como en los bosques siempre uno sobresale, pero la inmensidad
está en todo el bosque, donde cada árbol tiene su lugar y su raíz.
En la actividad y oficio literario hay muy buenos poetas en Chile. Muchos de ellos
trabajan como obreros sin esperar reconocimiento, que generalmente es para unos
pocos. Muchos trabajan creando para sobrevivir y zafarse de la esclavitud actual.
Hay un quehacer honesto. Esta resistencia ya tiene algo de poesía o de
antipoesía. El campesino puede ser iletrado, pero no por eso su obra es
intrascendente. Lo dice el verso sencillo del poeta cantor:
De
la tierra sale el trigo, que vivan los sembradores.
…del trigo sale la harina,
que vivan los molineros.
De la harina sale el pan, que vivan los panaderos.
Y
del paa nace el derecho, el derecho a comer pan."
Todos
tenemos derecho al trabajo y a la creación para sobrevivir y más
aun, para rehacer la vida si es posible. Si alguien piensa que todo está
hecho, habrá que ver eso con ojos distintos.
El poeta no crea la
poesía derramada entre las cosas. Pero quiere verla: la busca, se entrega
a ella, se vive en un mundo distinto. En el lugar de la poesía se encuentra
lo distinto a esta existencia. Es otro instante, otro tiempo de permanencia. La
antipoesía es una manera de ver la poesía que se hace sola, o que
ya está hecha de siempre y que se escurre entre nosotros sin darnos cuenta.
Tampoco nos dedicamos todos a buscarla y cazarla con palabras como un cazador
de mariposas. Es otro nombre para la misma acción. La antipoesía
también es lenguaje, Trabaja con las palabras, emplea objetos gestos o
sonidos. Utiliza los símbolos que se crean en el diario acontecer de manera
espontánea, o sustrae de las cosas su metáfora escondida. El humor,
la ironía también son recursos del lenguaje, que nos trasladan desde
nuestra situación inmediata a una más trascendente.
Otra de
nuestras fortunas es que en Chile tenemos a un gran antipoeta. Tiene nombre sin
ser nombrado, y seguramente una pléyade de antipoetas que le siguen con
admiración. Tenemos a los poetas mayores y menores que trabajan con sus
propias herramientas en el mismo edificio de la poesía chilena. Mientras
el arquitecto se toma un cafecito en la oficina de ventas, los jornaleros y los
albañiles en los distintos pisos, trazan y edifican su metro cuadrado.
El mundo nuevo para ellos está en su mente, no en el reconocimiento que
obtengan. Aunque nadie lo diga, su trabajo es honesto y trascendente. Puede ser
que la poesía esté en todas partes menos en los versos de los poetas.
Puede ser el sino trágico de este obrero, de este campesino o de este minero,
que pica y pica la tierra, por si aparece una pepita de oro que le devuelva los
sueños.