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I
A medio
terminar noviazgos, planes, cenas, anisados de angustia y bilis
negra. Templados o con planes horrorosos y en
ayunas
cantar. ...............
II
la tradición................
No les sentí
la voz ni los vi en su praxis o taberna. Quizá el silencio; su
respiración mediada por los años para consagración de las
sílabas en el convite de amistad ideal que es la soledad. Sólo
el canto, o mejor: la partitura: los tenores y sopranos se
hacen polvo -mágico o enamorado pero polvo- del auditorio que
alguien barre. Hubo algunos que delimitaron la realidad desnuda
en la canícula: práctico cinismo para el despanfilamiento de
los cándidos como los violentos primeros planos, también a
pleno sol, de tus sensuales arrugas y ojeras, tu mirada de
lárgate, déjame en paz. Otros te dibujan en parques
ingleses leyendo a Keats sobre las rodillas. Poesía para
emperadores que bajan el pulgar ante la menor cosa o para
hiladores finos lupa en ristre; empatías en el ajedrez
precursor de la aflicción, el suave o anguloso movimiento que
nos mantiene vivos: cuestión de supervivencia y hasta de
calidad de vida, diríase. Muchos cierran la glotis, la
tradición cose la boca con puntos a favor del silencio, Herr
Andrés Anwandter (no el bozal de las ridículas convenciones con
que se pretende acallar los ladridos a las olas o a los camiones
que cruzan el Norte). Se imagina con sospecha la disposición de
ánimos, líneas, los errores, el eco de los fantasmas, los zapatos
y ropa prestada, el cerco, romperlo, abrir la
glotis.
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Si
hay tantos tipos de poesía quisiera mezclarlos en un cóctel para
ver qué pasa contigo, Rita Consuelo amante de cualquier
trago nuevo con burbujas o colores extraños como la fascinante
Sodoma en cuyos postigos te quitas la ropa entre entusiasmada e
hipnótica.
Querer, o tal vez hacerlo;
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cantar con la voz de los pájaros lisiados por la praxis o el
aire, el ruiseñor, por qué no, el cuervo, el flamenco, el
albatros, el pato que danza como un Baryshnikoff o un príncipe
en vísperas de su coronación en los cielos de Tongoy o
Pichidangui pero otra ave rara, indefinible, nunca antes
escuchada que parece anunciar la realidad o dar instrucciones
precisas para sortearla, amortiguarla, cuidar tu belleza que la
praxis lisia (cantar la ternura insustentable, el diario dedo
en la boca, el brillo de Venus que te afanas en hacerme ver
apuntando con los pezones)
o
por hacerlo y punto se acabó.
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