Recién se lanzó en Chile "Calas",
el nuevo libro de Germán Carrasco, quien el año pasado obtuvo el Premio
Hispanoamericano de Poesía convocado por la Revista Diario de Poesía de
Buenos Aires y la Revista Box de Bahía Blanca
por Elizabeth Neira
Con una mirada aguda, capaz de congelar con la rapidez de
un disparo fotográfico una parcela de la realidad; hábil en el plano
detalle, el poeta Germán Carrasco (1971), a través de “Calas”
(Dolmen),
su
último libro, se ubica con propiedad en el escenario de la poesía
chilena, dando la razón a los críticos, que ya en su primera publicación
-“La insidia del sol sobre las cosas” (1998, Dolmen) lo citaron
como voz promisoria de la poesía chilena. Ya en 1997, cuando ganó el
concurso de poesía joven “Jorge Teillier” y obtuvo una beca de la
Fundación Andes para participar en un seminario taller en Iowa, Nueva
York y Chicago, se vislumbraba para él un interesante futuro poético.
El crític0 Grinor Rojo ha señalado: “Creo hallarme en
condiciones de afirmar que Germán Carrasco es un poeta importante, que
las contribuciones que está haciendo a la poesía chilena son
significativas y mi confianza respecto del porvenir del arte de la
palabra entre nosotros, un tanto decaída en los últimos tiempos, se
renueva y se reenergiza con la frecuentación de su trabajo”
El escenario de Carrasco es la ciudad. Las barriadas clase
media de Santiago son un paisaje reiterativo, no por hacer de ellas una
postal, sino porque el poeta vive ahí y no puede hablar desde otro lugar
que no sea ese. Por eso lo hace sin sentimentalismos, sin liviana
admiración turística ni pretensión antropologica, sino con la precisión
de un lente y con la regularidad de un diario. Los personajes que
habitan en estas barriadas y de los que el poeta da fiel cuenta estan
lejos del estereotipo. En esta poesía, los mendigos no son la víctima ni
gentes ‘en el fondo buenas’, sino simplemente actores reales, peligrosos
y amables según se les trate. Como todo el mundo.
Los que no se
salvan son los propios poetas. Conciente de la configuración del panteón
de la poesía chilena, escribe acerca de su propio lugar en ella,
ironizando, acusando, develando juicios y prejuicios en “una operación
moderna por excelencia. Se trata de un poeta que mira, pero que también
se mira mirar”, puntualiza Grinor Rojo.
-Si para usted da lo mismo Santiago o Nueva York, ambas
son ciudades, ¿dónde se ubican los espacios a poetizar?
“En los
lugares que no tienen patente. Hay sitios que estan marcados por la
poesía, por la literatura. Ciertas calles que se asocian a prostitución,
marginalidad... No me interesa eso. Tampoco la historia del barrio,
porque hay lugares del barrio alto por ejemplo que también son
interesantes para mí. Las ciudades están llenas de intersticios. No
tiene porqué haber un tremendo lenocinio para que un lugar pase a ser
interesante", señala Germán Carrasco.
-Sin embargo, la mayoría de los escenarios que menciona
podrían tener el rótulo "marginales".
"Es que no son excluyentes.
Yo vivo, camino, recorro esos lugares. A lo que me refiero es al
tratamiento. Intento que no hayan altisonancias ni imposturas en esto.
No vengo a hablar por la boca de nadie, ni a fundar ni a inaugurar nada.
Lo que hago es ofrecer al lector un mapa de
Santiago. No es un
retrato proletario ni monstruoso. No se trata de una crónica del margen
ni del undergraund. Creo que mi poesía es más bien una lupa que se posa
sobre ciertas situaciones cotidianas que tienen que ver
conmigo”.
-Usted combina verso con prosa e, incluso, con
ensayo. ¿Hasta qué punto le interesa flexibilizar el formato
poético?
“Tiene que ver con querer incorporar todas las lecturas,
todas las hablas, de hacer el mapa de todo. Yo leo desde Neruda a mis
compañeros de generación. No asumo el formato de la poesía como un
problema literario, porque la poesía es para mí, más que un ejercicio,
un gimnasio. Porque ya no existe el poema hecho, como un constructo
intocable”.