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Germán Carrasco

"CON LAS MANOS LIBRES"

por Marcelo Montesinos
revista La Calabaza del Diablo


 

-Quisiera comenzar hablando de tus inicios
En mi casa había libros porque mi hermano –culto, egoísta, católico- estudiaba una carrera humanista en la Chile, mis padres no eran de libros. En ese tiempo mi hermano pretendía que yo leyera metódicamente, a ver, si es niño le vamos a pasar libros de niño: Sidharta, El Principito, yo prefería otros libros, uno siempre va a lo que le prohiben, sobretodo en la infancia. Paralelamente escribía un diario en una prosa anómala y en algún momento mi hermano me dijo que parecía poesía. Me encantó. Después me consolé con la lectura de poemas de Residencia en la Tierra y otros, lecturas de poemas raros, o traducciones, traducciones buenas y malas de los simbolistas, Whitman, Williams, etc. O lecturas desordenadas de todo tipo: números sueltos de Orfeo, La Gota Pura, etc. Te das cuenta que tus poemas tienen amigos, o antecedentes, que se puede jugar: poner esto, sacar esto otro, hacer esto. En ese tiempo –la dictadura- hubo un especial de poesía que sacó la revista Solidaridad, de los curas. Era un mapa de la poesía chilena, venían fragmentos de Zurita, Maquieira, Lira, Elvira Hernández, no me acuerdo. En medio de mucha porquería panfletaria, todo impreso en color sepia, el color de esa época, arte de la extrema pobreza y de la neblina militar. Esa antología fue útil porque había de todo. Mis lecturas fueron y han sido desordenadas y lo siguen siendo: hoy releo Poems for the Millenium de Jerome Rothenberg y Pierre Joris dos volúmenes increíbles de poesía universal que incluyen a más de un chileno, y unas novelas inglesas de Burgess (e.g: The Pianoplayers, que el único que debe leer es Kurt Folch), El Miedo de Claudia Melnik, Teoría Sentimental de Mirta Rosenberg, y Residencia en la Tierra por los siglos de los siglos, etc. De todos modos, uno siempre va a desembocar en los “clásicos” o, mejor hablemos de fuentes, uno te lleva a otro, sobretodo si quieres ver por qué funciona un poema o verso, qué lo hace tal. Luego, con uniforme escolar y todo (el Lemebel se debe acordar) llegué a la Sech, en ese tiempo, con Martín Cerda a la cabeza. El poeta Esteban Navarro abrió una puerta y me presentó. Listo. Allí funcionaban unos talleres, ahora la gente dejó la capacidad de juntarse a charlar alrededor de un set de fotocopias y un vino, se quedó con el puro vino; luego el taller de la Fundación Neruda, etc. Los talleres son útiles, compartir las lecturas y textos con seriedad, respeto y oído, eso sirve, aunque el trabajo obviamente lo haces solo.

-Te caracterizas también por ser un poeta que publica, hablemos un poco sobre la producción.
Yo nunca he publicado un libro, me los han publicado: cierto departamento de la Chile, Dolmen por el premio Teillier, por premios que estipulan la publicación, etc. Está en las bases de los concursos. Te publican, te guste o no. A mí me encanta que se lea y disfrute lo que he hecho. Aquí existe una superstición elaborada por huevones holgazanes que han escrito un par de poemas cagones y libros de diez páginas, gente sin aliento que afirma que hay que reflexionar durante años, etc. Mentira. En Centroamérica conocí un agregado cultural que jamás (ojo, loco: jamás) publicó ninguna cosa, excepto un cuarto de página en esa revista de la Vicaría, que era donde el mismo fresco de raja trabajaba, ¡y el sujeto es agregado cultural!, toma whisky y en Centroamérica lo invitan a unos paraísos tropicales con unos hoteles que te los encomiendo, la gente allá me decía, “ah, tú debes conocer a X, que es famosísimo en su país”. Así hay varios. Hay otros que por lo menos han publicado algo respetable hace diez años. Algo, este huevón era un caso insólito. Por otra parte, los maestros no tienen conciencia de que son precisamente las nuevas generaciones quienes los van a recordar, releer, reconocer y mantener vivos. Además esa supuesta reflexión implica concebir la palabra como algo intocable, sagrado y yo lo considero algo de uso, “me cae mal esa alquimia del verbo/, poesía, volvamos a la tierra” (Lihn) Yo disfruto la poesía, sus diamantes, sus tentativas y sus fracasos, aún cuando se trate de libros inmaduros, eso da cuenta de un estado de la literatura. Y por último, te regodeas. Nada más hermoso que un libro con toda su lozana noviciatura, su candidez. Los libros perdidos en San Diego, los huevones que le copiaban a Neruda, etc. Siempre queda algo. Quizás aquí en Chile, por tener unos cuantos poetas de primer nivel (Neruda, de Rokha, Mistral, Parra, Lihn) y también por ser tan pobres en términos económicos y editoriales (se publica tarde, mal y nunca), la vergüenza, etc., la gente desarrolló una hiperconciencia, una culpa, diría, que no permite el desarrollo de la poesía, la crítica seria, la entrevista, en fin. Por otro lado, esa culpa también actúa positivamente, como una vara alta, pero la mayoría de las veces anula. Además, al igual que en otras áreas, la literatura está dividida en patotas, grupos que se autodefienden de manera paranoica, esa debe ser una de las herencias autoritarias, tal vez. A mí me parece sano que se publique constantemente revistas, libros, etc. porque hay que dar cuenta del estado de la poesía, en forma dinámica. Hay que agregar nuevos conceptos, maneras, nombres, por ejemplo a mí no me dice nada alguien que habla de lo coloquial versus lo no coloquial, binomio que mucho sentido no tiene si te das cuenta que posees una enorme cantidad de dispositivos y recursos de los que puedes hacer uso y puede ser un uso ladino, conciente, un juego con el lector. Yo creo que el libro tiene que tener poemas de distintos tonos, estilos, etc: diamantes formales, fárrago, ritos, llanto, guiños a la tradición, poemas que aparentemente parecen comentarios banales, notas, retórica profunda, amor y muerte; álbumes de toda especie de poemas, unidos por los distintos registros de una voz.


-Esto que dices y por la lectura de tu poesía ¿tiene que ver con el Jazz?

Sí. Con la improvisación. Quizás tenga que ver con el hecho de considerar cada instante como un evento. El poema que va recogiendo fruta por el camino, como un carro de supermercado. Incorporar. Una improvisación jazzística, una jam. Mira, esto tiene que ver con el hecho de que un poema de pocos versos, como una foto bien hecha, como esas exquisiteces objetivistas, es sólo un verso de un poema más largo. Si fuiste al gimnasio, que es el taller donde se podaba todo lo “superfluo” o “sobrante” o “que no aporta al poema” como rezaban todas esas supersticiones y supercherías para que finalmente quedara una cagadita nítida, mezcla extraña entre un pseudo haikú y un poema objetivista, si fuiste a ese gimnasio, lo que por supuesto sirve (el ahorro, la continencia y todo ese kinder), te das cuenta que ese “poema” es sólo un verso de un poema más largo, los poemas extensos y libres, la escritura con las manos libres. Y finalmente, ese poema extenso lo escribimos entre todos como dice Rojas, por eso tengo una concepción más inclusiva que exclusiva de la poesía A mi me gusta el fárrago, la charlatanería, la palabra. El siseo del vinilo: sssssjjjjjjjjjjjjjjj, el oleaje del discurso, el poodle que le ladra a ese oleaje, el griterío de los bañistas ante las olas. Es decir, no creo en la palabra única, dicha por un sabio. Quizá eso es porque mi perspectiva no llega más lejos de una semana: el punk no muere. Pensaba también en ciertas frases que me repetía a mí mismo, que saboreaba, ciertas frases poéticas, como Socorro Andino, Santiago Morning, La Aurora de Chile. Tienen eco, parecen poemas o títulos. En una entrevista con Pierre Cabanne, Duchamp habla de la importancia de los títulos.

-Te sigo en la lectura y escucho: despiojar las palabras hacia el vano intento de domar el lenguaje. En poemas como ‘‘Oficio’’ y ‘‘Correcciones’’. En ‘‘Auden’’ dices: ‘‘Desmalezar la retórica/ y los juegos de palabras/ haciendo lo mismo’’. ¿Ese sería el oficio actual de un poeta?
Buscar y experimentar con los distintos diseños, respiraciones, efectos. Por cierto, un poema lo dejas tranquilo cuando sientes que funciona. A veces trato que la palabra sea liviana, ligera, para obliterar el dolor. No es una palabra que subraya, sino que banaliza lo que duele. A veces. Intento trabajar con metáforas abiertas, múltiples, como la del clavadista, me interesa la intención del poema, su tono. Por ejemplo, en Calas, voy a jugar con esas flores y con el verbo calar, con lo terso, con la piel y que todo el libro sea como una incisión y tratar de usar algunos motivos que se repitan. Jazz, improvisar y luego volver al motivo. En ese sentido el libro como una unidad. Que es una cosa que uno aprendió de Tomás Harris, Alexis Figueroa, Maquieira, Zurita, finalmente de Neruda, Whitman y así...: nada de Collected Poems sino una obra, algo así como un solo poema . El libro como corpus. El libro-poema, aunque cada texto sea independiente, nada nuevo, en realidad.

-Personajes como Rita Consuelo, Julián y conceptos como Fachadas, Banderas de rendición, Insidia del sol sobre las cosas, Calas. terminan por construir una señal que recorre ambos libros. Uno percibe el traspaso de personajes de un texto a otro. Una intención, por lo demás, narrativa. Hablemos sobre esa continuidad.
La idea -que no es nada de nueva- es que el libro, además de ser un set de poemas independientes, tenga una lectura narrativa, casi de novela, que se deje leer, que resista tanto un zapping como una lectura concienzuda. Eso me interesa y es por eso que creo que la poesía debe recurrir a lo que sea para hacerse escuchar. Porque si es por purismo, la poesía va a quedar relegada a la lectura de un par de pelagatos que pasarían por maricones en el ejército, que hablan de metafísica y de “el poder mágico del lenguaje”, ja ja ja. Es mejor que no sea así. Es mejor que la poesía baje a la tierra como decía Lihn. Ya hace rato que mucha gente dijo eso y dieron las claves. Hay suficiente belleza, y para todos.

El otro problema es el del auditorio. Es decir, qué tan grande es el espectro del auditorio que abarcas (¿las cuatro personas de las que hablaba Pound?!), sin ser obvio, facilista. Pero generalmente se juega con las intenciones y el poema tiene más de dos lecturas, más de tres. Mis libros se pueden leer como libros de amor, perfectamente, creo. Pero los problemas de si se el texto es moderno o postmoderno, no me interesan, excepto cuando los entendidos leen y descubren desde afuera. Pienso que la palabra ejercicio es hermosa, en términos olímpicos, deportivos. En términos de ensayo. El ejercicio es lo importante, no la puesta en escena última (el libro impreso), o el ejercicio como resultado, el making off del poema. Me interesan las metáforas deportivas. El poema como clavado, la piscina olímpica, sus ecos cuando está vacía, como de colegio vacío, el clavado: arrojo, riesgo, caída, vértigo, muerte, perfección y coordinación de los cuerpos, vuelo que concluye en el brusco sacramento de purificación sexual del agua. Hombre y mujer: piscina y clavado, sangre, espina y aristas. El poema mismo como clavado –inmersión- en el agua (misterio, sexo, subconsciente) y como inyección emoliente. Leo los poemas en voz alta, y los ajenos como si fueran míos, así se disfruta, es, tal vez, como si estuvieras escuchando a Thelonious Monk o Cecil Taylor, y tú piensas que el que está tocando eres tú, una empatía, por eso no me cabe en la cabeza ese prejuicio de no mostrar. Viva la producción. Viva de Rokha, Ashbery, Parker, vivan todos ellos. Escribir con el ánimo de la pérdida, con el de alegría profunda, con el espiritual, con la decepción. O con la búsqueda ciega simplemente del verso inicial. No sé... desde los trozos de la musa muerta. O sea, como ese poema de Hernán Miranda Casanova de Arte de Vaticinar, donde llega un tren y despedaza a una mujer. Y quedan los trozos de la musa por todos lados. Y sangre y manchas y pedazos de carne, etcétera. Y está otro poema precioso de Bolaño, que aparece en los Perros Románticos, en donde la mujer es de cristal o no sé, pero pasa exactamente lo mismo: se hace pedazos ante dos poetas... que es una metáfora que también yo uso, tal vez esa mujer es la poesía, es un sentimiento, es la mujer que se ha perdido, es el amor... Esa es toda la... (risas). Entonces la reconstrucción de esta musa muerta, la reconstrucción siempre frustrada tal vez es el poema: un duelo, un carnaval. Una nostalgia. Una angustia.

-Tu poesía incluye pequeños detalles, diminutas llamadas al lector donde el guiño es hacia la practica de la escritura. ¿Podrías hablar algo de tu trabajo, cierta descripción?
Está la conciencia de que estás trabajando con palabras, que cada una tiene su historia para las distintas personas, que el poema es resbaladizo y que la metáfora es múltiple o arma de doble filo. Ojo, dice el hablante: las palabras son resbaladizas. En cuanto al gimnasio, Pound decía que había que leer dos horas antes de escribir. Precalentamiento. Yo escribo de noche. Leo antes de empezar a escribir, como recomendaba el caballero. Mientras escribo camino por la pieza como león enjaulado, como dice Anwandter en un poema. Y mientras sigo escribiendo hago una cantidad increíble de zapping a los libros y, por qué no decirlo, a ciertos fragmentos de páginas de revistas por Internet (recomiendo jacketmagazine y la argentina poesía.com). No para buscar versos, ni para copiar estructuras superficiales. Eso es una tontera y falta de imaginación imperdonable. Pero considero que empezar a leer antes de escribir o de leer mientras se escribe, cierto vértigo, cierta velocidad. Ese zapping de versos se hace como la manera de visitar el albúm de fotografías (mi madre cuando joven) o como subirle el volumen a Ornette Colleman o a Charlie Mingus. Se está en un mood poético. Lees a Barrenechea, a Duncan a David Huerta, etc. Eso es el zapping, entonces estás vacilando una canción y pasas a otra y después vuelves a lo que estabas escribiendo. Es así porque se permanece en el vértigo de la escritura. Luego visitas los textos, concentrado, ves los trazos, recompones.

- ‘‘es más insípido que comida de enfermo/ truquea traducciones y las sirve en platos frescos/ no se la puede con los metros no se la puede con el verso libre/ nada que decir a quién le interesan sus amoríos/ muy académico muy marginal/ una pálida copia de ...’’.Hay en estos versos alusión al oficio de la traducción y con ello al uso de la cita, ambos en tanto recursos literarios.
La cita si es que está no debe notarse, la cita, cuando la fuente está oculta o es exclusiva o no está traducida, es el orden primario del poder. La cita es arrogancia. Nostalgia aristocrática, arribismo intelectual. Trato de evitar la cita y la intertextualidad, que puede ser una falacia. Una gran trampa. Uno puede tomar procedimientos de alguien, no versos, uno puede usar, por jugar, para probar, la cámara de alguien, no robarle las fotos. Lo que no hay que perder es la voz, el eclecticismo. Una extraña militancia. Leo en español, en inglés. A veces traduzco algunos chiches, poemas hermosos de Strand, pero hay cosas, sobre todo las poéticas más arriesgadas, que se resisten a la traducción, esas las hago sólo para mí, entonces, por qué no cambiar el contexto, a veces es más válido hacer una versión. Eso como ejercicio, no para publicar. Trocar contextos. Esa podría ser una forma de divertirse. Y otra sería, no sé... llenar el texto de notas, que es medio desagradable. Pero se trata de hacer que el poema quede vivo. A uno le puede gustar un poeta reaccionario y uno de avanzada, la traducción muchas veces, por las particularidades del idioma, borra los prejuicios que existen en el idioma en que fueron escritos los poemas. Por ejemplo, a un gringo le puede gustar y traducir –leer, digamos, no seamos pretenciosos- a J.L Martinez y Arteche, no hay contradicción sino retroalimentación. A ti te puede gustar Thomas Hardy –un conservador- y, no sé, Charles Olson o George Oppen –de avanzada-, quizá lees desde el español, desde la historia de tus palabras y encuentras rasgos en ambos que no se contradicen en tu sistema poético.

-En ‘‘Acido rumor’’, hay mención al oficio de la escritura, semejándolo al de un camionero. ‘‘Algunas noches has despertado ante un campo de estrellas/ (el descansador de pantalla)/ como camionero dormido en el manubrio/ después de levantar la cabeza somnolienta del teclado’’. La vida una ruta. La escritura, ¿una ruta?
Me acuerdo que en las pantallas de los primeras versiones de Word, cuando uno abandonaba el teclado por un lapso, quedaba esa imagen del campo de estrellas. Ver la escritura como un timón de sílabas, como una nave –bueno, es una idea viejísima-. No hay que sobre-explotar las ideas cuando pueden ser generosas, fructíferas, cuando pueden servir para algo. Como la vieja idea de la carretera o el río. Hay que tratar de buscar metáforas nuevas. Por lo mismo pienso que hay que ser ecléctico y considerar varios estilos. Y uno puede hacer uso de una idea como aquella, pero darle a cada rato al slógan ‘‘el libro como un cuerpo de citas’’ o ‘‘la escritura como el cuerpo’’, etc. Todo eso ha sido repetido hasta el cansancio, en forma vacía. Hay que considerar todas esas cosas. No se puede decir las cosas de la misma manera. Para eso existe la paráfrasis, el lenguaje. Buscar frases sinónimas, poemas sinónimos, metáforas sinónimas. Como la sinonimia no existe, inevitablemente se va a desembocar en nuevos juguetes verbales, en nuevas soluciones poéticas que son ejercicios para los poemas propios, propiamente tales. De todos modos, nunca va a faltar el ahueonao que te tilde de malabarista, “demasiado intelectual”, “estas son puras acrobacias”, unos pajeros que simplemente no saben tocar el instrumento, basura. Nuevos juguetes, una nueva lectura, sacar en nueva discursividad. Al hablar de la paráfrasis pareciera que uno escribe copiando, y no es así en absoluto. La cita no debe notarse, el poema debe contener un diálogo con la literatura, pero este no debe ser un name dropping, no es válido confundir con citas. Finalmente tienes tu voz, tu placer y tu dolor. Tus materiales.

-Hablemos de lo urbano en tu escritura. En ‘‘Fachadas continuas’’, ‘‘Blocks’’. El hogar como una caja. Habitáculo donde el ser humano llega desplomarse, después de la jornada: ‘‘Este es el paisaje. Continuemos el recorrido y sus consecuencias’’.Instalarte en una urbanidad. De allí los personajes: mendigos, el apostador de caballos. Gente común. La mirada fotográfica.
Me pregunto qué habría escrito yo si hubiera nacido en otro contexto, rural, marítimo por ejemplo, no sé. Me cuesta imaginarlo. Pero bueno, la ciudad es mi contexto. Cierta ciudad que no necesariamente tiene que ser estigmatizada como marginal. No. Al contrario, como dice el tango, se trata de una nobleza de arrabal. Se trata de mezclar lo elegante y el demótico. Para llamar la atención, se presenta a los escritores con algún mote: pedófilo, maricón, borracho, barrionajero, indulgente, etc. ¿es eso lo que interesa?. No sé, los paisajes que aparecen en la obra los escoges como materiales para la elaboración del texto. Se trata de instancias retratables o de que simplemente la cámara haga su trabajo con sensualidad, con precisión. No se trata de retratos cínicos de postales de la urbe sino de una mirada fría, objetiva, sensual, espero, en la que el hablante a veces es sólo una cámara o un fantasma. Aunque ya al retratar hay una mirada moral o un juicio. Con respecto a eso me preguntaba que pasaría si después de haber escrito absolutamente con y acerca de imágenes, desde la visualidad, el poeta que ha hecho todo eso se quedara ciego. Buen ejercicio. Imagínate a los poetas de la imagen si tuvieran que escribir desde la ceguera física.

-No mirar el espejo.
El odio al espejo tiene que ver con el viejo odio al yo paquidérmico del poeta como un ente distinto al resto de los mortales. Quizás por eso mi hablante se reparte en varios de sus personajes, Rita Consuelo, los Mendigos, los que bailan tango en Cueto o Julián, el clavadista, el que sale a trotar bajo la tempestad, etc. A lo mejor es un repartirse en medio de personajes por vergüenza, por esa misma vergüenza especular. De no creer en ese yo épico, quizá de no creer en el yo de ninguna naturaleza, no sé. Nacimos en el desprecio de los signos de exclamación. Creo en el susurro. Supongo que puede ser un intento de anular el viejo problema del yo, aunque al poema se le cuele por todas partes la persona que lo escribió.

¿Te sientes parte de una generación?
No sé si de una generación. pero hay ciertos rasgos que se van dando. Después de la poesía politizada que se dio en la dictadura hubo esa promoción que trató de zafarse de ese estigma de escritura mezquina, obvia. Ese fue un gran paso y espero las publicaciones que vienen. Luego la gente tuvo mucho más sentido de la libertad para escribir. Pienso en poéticas de verso generoso. Y con esa libertad también venía en el paquete una conciencia profunda de la palabra, que es lo que alguna gente llama metapoesía, Anwandter. La poesía que se vuelve a sí misma. Este grupo escribe con libertad y conciencia a la vez. Libertad por una valoración de la palabra, una vuelta a lo lírico a veces, o a la libertad, a volver a escribir. Y a la conciencia de la palabra y a veces una cosa ecléctica. En fin, le ponen bueno: han leído a los neobarrocos, a los españoles, han traducido, han revalorado a Rosamel del Valle, han asimilado y leído y a veces desechado algunas modas. Han entrado a las aulas y los bares. No hay esa cosa cansina, lárica y pajera que se veía tanto antes. Si es así, claro , me siento parte, uno pertenece a un tiempo.

-La sexualidad, lo que mueve todo. Lewis Carrol y las niñas. Y por otro lado el cartonero, el mendigo, retrato de humanos ‘‘chingados por el chingadero sistema’’. Se puede salir en la noche a mirar la luna acompañado del rumor de los cartoneros. El miedo a que el mendigo sea el alter ego del poeta. La escena del Hogar de Cristo y mendigar un plato de comida o una cama. En general ubicas a la poesía en cercanía al crimen, los mendigos, el graffiti, la pasta base, en las blusas blancas de adolescentes, como el viento atrapado en esas camisas. Y la voz del hablante como la de un viejo esperando a que pase agosto.
El dolor es más interesante que el confort. Y de pronto uno escribe con todo el cuerpo. Una celebración del cuerpo. Si ves la poesía o el poema o el amor como una mujer, musa que entre paréntesis fue atropellada por la realidad coerciva, por una sociedad mal diseñada. Entonces igual se piensa en esa nostalgia del cuerpo. Yo creo que la sensualidad y la belleza forman parte de un ecosistema. Tiene que estar presente. Y si falta o escasea esa belleza se producen traumas, líos y atrocidades. La belleza no debe ser un tabú, pese o por lo mismo del horror del que a veces tenemos noticia, en el caso de los niños, suceden quizás porque esa presencia y esa mirada están ausentes. La belleza tiene que estar. Si la belleza no está presente, hay problemas. Con respecto a los mendigos –un lugar recontracomún de la poesía con el que también trabajo- tienen un ángulo visual cómodo, tienen las estrellas, tienen la ciudad para ellos. Y la gente les teme. Además son gente malherida, y son peligrosos, cuando uno los busca inocentemente –cuando chico- con la idea de que va a encontrar un clochard romántico, con Baudelaire en persona, lo único que recibe a cambio son zarpazos de odio, pero el dolor sigue siendo más interesante que el confort, creo yo, o sea: esos personajes precarios son más interesantes que un chileno medio lavando el auto en la Florida, aunque a este último también se lo pueda poetizar, ficcionar, retratar, no sé.


 


 

 

CLAVADOS



El evento de los amantes
( o la innecesaria delimitación de lo ocurrido)


where are the gods who support the event
-Lyn Hejinian

No se notan tarugos ni clavos en el amoblado de la naturaleza
o de la naturaleza de ese evento, por llamarlo de algún modo;
no se notan los parches y junturas: forman parte
como muertes o accidentes, forman parte.
No existe diacronía o sincronía, eventos, puntos
si la caricia se disuelve en la tarde
como el yo, que hace mucho debería
haberse disuelto en tardes de amor y ecos.
¿El evento?, ya sabes:
en la sinuosa sorpresa de lo repentino
se baña la rancia materia del agobio:
traspié y caída en el nexo, la otredad,
clavado olímpico de cuerpos lisiados de praxis
en piscinas de virtud, playas de infancia.
La sorpresa es el gozo es el evento
pero el ingreso al territorio es invisible
como la puerta incorpórea que cruzamos
a cada instante.
Hay soplidos de Miles en que casi no existe
principio ni final.
Dime de dónde
provenía el sonido del vehículo
que cortó la mañana en dos mitades:

desde lejos, no importa, lo escuchábamos
(un pullman, quizá
o un caballo de mar o tiburón
en que llega tu amor de un largo viaje)
¿desde dónde?: desde lejos: el sonido de los vehículos en la mañana
era y es LA BALADA DEL ENTONCES
en la mañana del par.
Y luego del mudo, mutuo e inconsciente ofertorio
despiertan como amnésicos
o huyen como fantasmas cautelosos.
Además, no preguntes de dónde porque alguien
preguntó por tu nueva dirección
y no importa distinguir el punto exacto
donde se origina el sonido de la brisa
en árboles siameses que experimentan
escalofríos de gozo.
En la sinuosa sorpresa de lo repentino
se baña la rancia materia del agobio:
Así, luego del único evento discernible
duermen los amantes o los desconocidos
y despiertan y caminan, y eso es eso.



b

LA ESCRITURA


El cursivo desplazamiento y los caracteres garrapateados
-patas de araña de manuscritas infantiles-
son deleitosos incluso sin significar, por ejemplo en mandarín
o cuando los patinadores registran marcas en el hielo.
Cuando son inteligibles, esas formas zigzagueantes se tornan milagrosas
y en la punta del lápiz o pincel mundo y espíritu contraen matrimonio,
la muñeca obedece al dictado de las estrellas
y el murciélago ciego encuentra su camino por el eco.
Pero lo del estilo de la letra reside en el carácter:
el universo provoca temblores distintos en cada mano,
desde la mano del falsificador de cheques hasta la del emperador
Hui Tsung, que llamaba a su caligrafía "Dios Esbelto".
Un hombre nervioso escribe nerviosamente
acerca de un mundo nervioso, y una mujer y así cada cual.
Mágico, es como si el mundo fuera un gran escrito.
Pero habiendo dicho tanto y todo esto, admitamos
que hay más en el mundo que escritura: las fallas continentales
no son fisuras convulsas en el cerebro.
Además, no sólo los patinadores deben pronto irse a sus casas
(como yo debo abandonar la Tierra de las Ardillas y regresar a Santiago)
sino que además la dura marca de sus patines está registrada
en el agua que no graba: el hielo es agua.


b

DE POR QUÉ EL TRAUKO CUENTA
GRANOS DE ARENA

 

Un caleidoscopio cada grano de arena, para ver
bandadas de garzas, flamencas y otras especies
que confunden su plumaje en el crepúsculo y ofrecen
su majestuosidad a mis dispositivos de goce. Soy un tarro de miel.
Todas, en concúbito, a disposición de mi arbitrio,
mi infinita sed de fauno y desconstructor ensimismado
del cubismo obsceno de cuerpos, mecanos y tarros de miel.
Por eso te rechazo, doncella chilota, onanista del bosque, porque estás incluida:
en alguno de estos granos que contabilizo con celo y avaricia mercader
porque cada grano es un harén y en alguno estás tú
en pose, gemido, risa y grito confundidos;
y en el tiempo y espacio que guardan estos granos me estás reservada
para ducharte hasta la agonía con la espuma de mis mares,
eterna como mi sed de fauno.

En la mitología isla de Chiloé el Trauko es un fauno al que se le atribuye el embarazo de las doncellas. Se dice que cuando una niña virgen se encuentra con el Trauko, debe arrojar cerca de él un puñado de arena; el Trauko no puede evitar la tentación de contabilizar los granos de arena, y entonces la doncella puede huir.



b

ANTES DE LA VEDA DE LOS LOCOS

 


Alguien machacaba locos para ablandarlos. En un galpón con eco
ponía los locos dentro de una cámara de neumático
y la golpeaba con fuerza de tortura como un saco contra el suelo
y ese sonido tenía eco (de colegio/gimnasio/recinto militar/catástrofe/snuff
azulejos/carnicería/tiempo que transcurre a golpes fríos).
Machacaba locos para ablandarlos: era su trabajo.
Ella leía un poema del poeta del puerto que es rubio y rojo como jaiba
y usa la camisa con dos botones sin abrochar mostrando el pelo en pecho.
"Jureles", leía los versos mientras alguien machacaba locos
para que ella los comiera blandos como balada tenue
en el Mercado Central de Santiago y en su lengua
los dirigieras al cielo de los peces y mariscos.
Eran los mariscos que comían mirándose a los ojos
era un vino blanco y lento, unos billetes acariciados por sus manos.
Era el bello rostro averiado por la praxis del garzón
o los vecinos de mesa -yo entre ellos-, era un niño ofreciendo calendarios,
un tomarse las manos bajo la mesa. Era la acidez de los limones o la sangre
de los piures y el tabasco tiñendo el caldillo lentamente. Yo veía todo
a través de una botella de vinagre con ramas de romero
-vegetación marina, cabellera que salta como virutas al hachazo-
y ella le decía al joven que había ecos y palabras bellas en las que nadie reparaba:
e.g: Socorro Andino. Santiago Morning. Santiago Wanderers.**
Locos: mariscos chilenos. Su precio era prohibitivo. Hoy en veda
Brigada de rescate andino. Equipos de fútbol de Santiago y Valparaíso



b

II VISITAS

 


Como todos los juegos con el cuerpo (que se mandaba solo) era tenderse
en plena infancia y verano sobre el mármol de las criptas del cementerio:
era remanso, tersura de calas o de tacto en los primeros juegos sexuales;
tenderse y descansar mientras mi madre parecía aclarar cuentas
y reemplazaba el agua verde de floreros que eran mitades de botellas
Al principo me regañó medio asustada al descubrirme,
luego -entre visita y visita- comenzó a observarme; el mismo rostro
con el que cambiaba agua verde por agua blanca.
Supongo entonces que la frescura del mármol -remanso y recreo-
la pueden compartir un niño, una madre y un difunto.




 

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Germán Carrasco: "Con las manos libres". Entrevista de Marcelo Montesinos
Fuente: -Revista La Calabaza del Diablo.
-Clavados, Germán Carrasco
J. C. Sáez Editor,
Santiago de Chile
2003, 117 páginas.