A Chillán en sus cuatro siglos de vida
TELÚRICA Y MISTERIOSA
Por Danilo Vega
Revista Pasajero, Julio 2008
Este año se cumplieron 428 años de la accidentada y remarcable Chillán. Una ciudad que está dentro de las 15 primeras fundadas por los españoles, y que para muchos es el tuétano de la vida histórica del país. Pero Chillán es más que una ciudad, toda su provincia es centro de Folclor y versa' popular. Entre sus catres y camastros ha logrado engendrar un innumerable conjunto de artistas y eminentes ciudadanos. Ciertamente que estudiar sobre ella en el mes de su aniversario, es adentrarse en el origen mismo del Chile Central.
Algo pasó. El crudo invierno gozaba de mover las tímidas hogueras españolas, pero éstas igual permanecían brillantes al fondo de la negrura. Chiquillanes, Mapuches y Pehuenches metidos en un oscuro aún más arcano, observaban a esos personajes de palabras raras y ropajes extraños. En el valle pantanoso de Chillán todos temblaban, nadie llamaba así a aquel lugar todavía, puros pajaros, puro ruido, pura fruta, puro calafate, puro piñon encumbrado. Era 1536 y Diego de Almagro había enviado un destacamento al servicio del Rey compuesto por algunos de los fundadores de Lima, un compinche de Colon y un Hebreo, el primero en recorrer Chile. Todos ellos pisaban lo que sería San Bartolomé de Chillán 44 años despues. Así estalló “Reinohuelen”, el primer encuentro entre europeos y mapuches, un enfrentamiento cataclísmico cuya batalla duró 4 días y espantó a los hispanos de la frontera por hartos años.
La llave del Reino de Chile
Pero la tenacidad española por extender sus dominios pudo más. Para Cristian Leal, Profesor y Magister en Historia de Chile de la Universidad del Bio-Bio, “la fundación de una ciudad como Chillán se debió principalmente a que los españoles necesitaban de una zona intermedia en la frontera, una ciudad que uniera Santiago y Concepción”. Así fue como Martin Ruiz de Gamboa estableció en 1580 la fundación de San Bartolomé de Chillán al alero de un viejo fuerte que aún permanecía a duras penas en pie.
A pesar de haber sido fundada con intenciones de paso nada más, fue centro de operaciones de la Guerra de Arauco, llegando a ser denominada como La llave del Reino. La ciudad creció “formandose una gran actividad agrícola y ganadera. Ya en el siglo XVII se formó una zona triguera y vinera de relevancia en el valle”, afirma el historiador. Fue así que al alero de una pujante economia y con desastres y desapariciones momentaneas, la ciudad forjó su cultura e ideosincracia. De hecho el primer escritor chileno fue chillanejo: Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñan quién escribió allá por el año 1673 “Cautiverio Feliz” donde relata parte de su vida de cautivo junto con los mapuches y explica algunas razones sobre la prolongación de la Guerra de Arauco.
Respecto del significado de su nombre hay muchas versiones, desde “zorro chico” hasta “caerse lo que se lleva a cuestas”, pero la más aceptada es sin lugar a dudas “La silla del sol”. Al respecto el periodista y académico de la Universidad de La Frontera, y uno de los hijos predilectos de la ciudad, Manuel Ortiz Veas, recuerda “Entiendo que Chillán significa La silla del sol y le hace honor a su nombre. En verano con mi tía Eva comíamos sandía a las once de la noche y se mantenía el calor...y ella nos decía...¡Sácale sangre huachito o huasito!” cuenta el profesor quién vivió en Chillán años de infancia y juventud.
Huasos Chillanejos: entre mareos propios y terrenales
Hay toda una serie de relaciones que se asocian a la provincia, por su tradición ganadera y agricola: zona huasa; por los vinos en la ruta del Itata y Portezuelo: Comarca de pipas, Dama Juanas y garrafas. Es que desde siempre Ñuble inspira con todo lo que da su tierra. En sus inicios plenamente rurales, la zona alimentó de folclor y versos el país. El clan de los Parra, desde Nicanor, Violeta, Roberto y el tio Lalo, todos nacidos y criados en estos dominios, demuestran la valía de lo rural como expresión popular lo cual se dio en Chillán con todas sus luces.
El mayor de los hermanos Parra, Nicanor, tiene un recuerdo notable, es cuando intenta enseñarle lo que significan las décimas a la mismisima Violeta: “Estaba estudiando la poesía popular chilena. Ya conocía yo los folcloristas chilenos de comienzos de siglo. De manera que estaba bien pertrechado. Y le digo: ''Bueno, veamos aquí pues lo que son las décimas''. Entonces le leo algunas, y la Violeta me dice: ''Pero si ésas son las canciones de los borrachos, pues''. Esa fue la respuesta de ella. ''¿De qué borrachos?'', le digo yo. ''¡Cómo de qué borrachos! De los borrachos de Chillán, pues!'', me dijo”. La Violeta aprendió lo primordial de unas hermanas cantoras muy reconocidas en El Huape, Las Hermanas Aguilera, junto con ellas Violeta Parra dio rienda suelta a lo que siginificaría el rescate inaudito de un mundo cultural muy repudiado en las grandes ciudades, y que por estas latitudes brotaba a granel.
A la par con el crecimiento de la vida cultural en los campos y la ajetreada armonía de los sucuchos y casas de remolienda. La ciudad comenzó a expandir sus terrenos y formar un patrimonio arquitectónico de naturaleza efímera que sobrevive en grabados, fotografías. Luego que el terremoto de 1850 la dejara en el suelo, volvió a levantarse para caerse de nuevo el año 1939, el día en que la tierra se mareó. Muchas generaciones recuerdan lo sucedido con espanto y horror, la ciudad de nuevo en el suelo. El hecho provocó conmoción mundial y hasta el afamado arquitecto Le Corbusier se ofreció gratuitamente para levantar un nuevo Chillán, de hecho recomendaba emplazarla junto al rio Ñuble, nada de eso prosperó. A pesar de sus caidas aún quedan grandes patrimonios en el recorrido por la ciudad, la iglesia de las Carmelitas, junto al Terminal de buses de calle constitución; o la misma iglesia de San Francisco en calle Sargento Aldea. Familias de renombre y vagabundos errantes se tienden ante la sobrevivencia de estos edificios.
La Patria Chica en el mundo
Por Chillán han pasado grandes figuras de la cultura mundial como el muralista mexicano David Alfaro Siquieros quién vivió en la localidad mucho tiempo mientras pintaba el mural “Muerte al invasor” en la Escuela Mexico. Pero más que una recorrido turistico lo que se observa del recorrido por la ciudad no es sólo piedra levantada y vuelta a levantar, Chillán no es de fastuosos actos culturales y es hora de decirlo, su expresividad trasciende cualquier intención de querer organizarla o normarla, al respecto bueno es citar unos versos de otro poeta de sus latitudes, Sergio Hernandez, quién manifiesta: “Me persigue Chillán/ por todas partes, remecida/ plácida plaza/ viene conmigo desde siempre, arsenal de la patria/ Chillán es lo que tengo/ y eso es bastante”.
El ahora cubierto, invernal y plomo firmamento de la ciudad da paso al recuerdo y la nostalgia, lejos de las toces contemporaneas el periodista Manuel Ortiz evoca “mirábamos el cielo- se podían ver las estrellas y no había tanto humo de leña- para ver los satélites artificiales...y cuando la noche se rompía con la lluvia: Castañas y piñones...Motemei pelao el mei calientito y gueno...Y ESCUCHABAMOS RADIO...Tarzán, El séptimo de Linea, La Tercera Oreja, Residencial la pichanga, Radiotanda; y en onda corta...Aquí Radio Moscú...La BBC de Londres in the world...desde el Primer territorio libre de América transmite Radio HabanaCuba...y un día sintonizando y por serendipity azaroso escucho la voz del poeta Gonzalo Rojas hablando por Radio Pekín y mi madre no me creía y lloraba con Gonzalo hijo en sus brazos...¿y cómo estará Edita?: Hemos recorrido China la única de norte a sur y de este al oeste declamaba el poeta”.
Manuel Ortiz no se cohibe en señalar su ciudad natal como “La verdadera capital de Chile” y cuenta que en su peregrinaje extranjero mucho se sabía de la “Patria Chica”: “En Alemania me sentí super orgulloso porque en la Casa de Beethoven había una foto de Claudio Arrau y la TV de esa nación- por coincidencia- transmitió un concierto donde el maestro era él. En varias oportunidades me dijeron que el mejor Otelo era el chillanejo Ramón Vinay. En Italia me preguntaron por la Chillaneja de Neruda. En Paris me hablaron con pasión de Violeta Parra y de Víctor Jara. En Sao Paulo igual por Marta Colvín. En la U.de McGill (Canada) un profesor polaco especialista en poesía de nuestra América habló maravillas de Nicanor Parra y Gonzalo Rojas”. Varios más quedan en el tintero, en todo caso la gracia no reside echar a pelear las ciudades por el número de personalidades a las que da origen, mas el encanto está en apreciar y conocer la historia de su propia ciudad.
Cierta vez me señalaron lo dificil de ser chillanejo, nunca entendí muy bien porqué, nadie me explicó, nadie dijo nada. Echaré una mirada en los sueños y jarrones a ver si encuentro respuesta alguna. Cuando sepa algo les digo.